OLYMPUS DIGITAL CAMERACuando Elena miró hacia el fondo de la cama, levantando apenas la cabeza -convenciéndose en el proceso de que ahora sí se levantaría- un brazo asomó a su derecha. El brazo la tomó del hombro, y devolvió su cuerpo a su posición original: absolutamente horizontal y su nuca sobre el centro de la almohada que la esperaba con el mismo hueco que Elena había formado con su sueño quieto. Ella cerraba los ojos nuevamente y los sueños la entretenían por media o una hora más, hasta que volvía a despertarse, el brazo atinaba a repetir la secuencia anterior, pero esta vez:
– No no, así no puedo, si vos me retenés yo no puedo levantarme temprano y hacer cosas, así se me va la vida-, refunfuñaba y culpaba al brazo, mejor dicho, al ser completo de Cristian, de no poder comenzar el día antes del mediodía. Él asentía tiernamente y asumía la culpa que no le correspondía.
Sentada al borde de la cama buscaba con sus piés las pantuflas que siempre estaban en el extremo opuesto de la habitación, responsabilidad que ella le atribuía a Cristián que llegaba a la madrugada de trabajar, entraba a la pieza oscura y con sus pasos torpes pateaba las pantuflas y las cambiaba de lugar. Luego de unos pocos minutos ella se rendía y le implorababa a su pareja:
-¿Me las buscas?-. Y así Cristián se veía forzado a despertarse también, hacerle un café para que se le pasará el odio que a Elena le causaba levantarse y,café mediante, volvían a ser una pareja amorosa…