Se necesita de mucha astucia para enamorarse, pero también, podría decirse, ser lo suficientemente astuto como para dejarse llevar por la ingenuidad y certéramente saber que la recompensa valdrá la pena… en vez de psicoanalizar (psicopatear – nos) permitirse ser arrastrado por ese elixir, y verse de pronto envuelto en un momento similar a uno que no recordamos, pero conocemos. Una sensación así: una mano sosteniendo nuestra mano y dar el primer paso y sentir que “ahora sí” el mundo es nuestro (en realidad lo único que logramos es empezar a poner piecito tras piecito y llegar sin ayuda a los enchufes, tirarle la cola al gato, treparnos a los cajones, y caernos de culo solitos). Y es tan llenante, tan llenante que da ganas de reír y llorar al mismo tiempo, y también da miedo, pero se trata de un impulso hacia adelante… hay que evitar hacerse tantas preguntas, hacerlas sería como si mientras pedaleáramos nos cuestionásemos sobre cómo estamos sosteniendo todo nuestro cuerpo sobre dos ruedas alineadas y nos concetráramos tanto que obviamente perderíamos el equilibrio y tambaleariamos, cuanto menos, para ambos costados, y qué papelón en la calle y qué pavadez resultaría. 

bici and legs