Desembarco temprano,
apenas unos rayos de sol distraen el frio
te restregás los orificios donde deberían estar los ojos
plaf plaf marca el mar como un segundero contra las piedras
plaf plaf te martillan el pecho las tristezas
tosés para expulsar un poco de angustia o disimularla

el amanecer despierta los aromas
y aparece cabello, aparece abrazo, aparece mano, aparece espalda,
aparece él, que pedalea y se ahoga en el horizonte aquel día.

te prendés un cigarrillo para exorcizarte
los actos rutinarios del laburo no alcanzan para mantener tu cabeza ocupada del todo, pero, aunque te están explotando,
agradecés que el despertador te obligue a salir de la cama cada día

Cada días salvo los domingos
y desde el lunes pensás cómo vas a escapar al domingo
el séptimo dia en tus sueños te caga a palos con tormentas y frío
vos resolviendo mensajes encriptados, hasta perder la capacidad de comprender el significado de las palabras más sencillas

Aparece el jefe, y sabés que es un chupasangres,
pero agradecés que llegue cada día para cargarte la espalda de infinitivos y anécdotas infames

cada día, menos los domingos,
y desde el lunes pensás dónde te vas a refugiar el día de franco
y en los sueños premonitorios te encontrás en la habitación de cuando eras niño, pero entonces tus viejos te detestan

y aunque estás maltratando tu cuerpo en beneficio de otros,
agradecés llegar agotado a tu casa, tan cansado que la derrota se evapora
y la imagén recurrente de él de espaldas sobre la bici no llega a recrearse hasta la locura,
pero el domingo…
¿Qué vas a hacer el domingo?